Buscando Auspicio en USA

La Historia De Cómo Terminé en USA Buscando el Auspicio de Monster Energy!

Era 2012, y junto a mi socio estábamos iniciando nuestra aventura en el mundo del emprendimiento y el marketing deportivo. Nuestra misión era simple pero desafiante: conectar equipos deportivos y deportistas con las marcas adecuadas. Uno de nuestros primeros desafíos llegó con Tamarugal, en ese entonces la empresa más grande de transporte minero en Chile, que buscaba patrocinio para su equipo de rally, próximo a competir en el Dakar, la carrera de rally más famosa del mundo.

 

La oportunidad era clara, pero necesitábamos algo grande, algo llamativo. Fue entonces cuando apareció Monster Energy en nuestro radar. Coincidencias de la vida, justo un gran amigo mío, Edgar, acababa de asumir como la primera persona contratada por Monster en Chile. Invitamos a Edgar a una pizza, donde lanzamos una propuesta audaz: convertir al equipo Tamarugal XC en el Tamarugal XC Monster Energy.

 

Edgar mostró interés pero puso las cartas sobre la mesa: la decisión final dependía del gerente de marketing de Latinoamérica en Estados Unidos. Impulsados por el entusiasmo (y algo de intuición emprendedora), convencí a nuestro cliente de que lo mejor era ir personalmente a cerrar el trato. A pesar de la oposición inicial de mi socio, tomamos un avión a Los Ángeles, alquilamos un auto y manejamos tres horas hasta Corona, California—una ciudad poco atractiva pero epicentro de grandes decisiones empresariales.

 

La reunión salió perfecta; tras un apretón de manos teníamos el acuerdo cerrado. Regresamos triunfantes a Chile, pero apenas aterrizados nos llegó la noticia inesperada: habían despedido al gerente que aprobó nuestro contrato. ¿Todo perdido? ¡Jamás!

 

Decidido a salvar el acuerdo, regresé nuevamente a Estados Unidos, esta vez financiando personalmente todo el viaje. Aprovechando unas millas promocionales, volé primero a Nueva York y luego atravesé todo el país en un vuelo económico que parecía que se caería en cualquier momento de lo malo que era, ¡una verdadera aventura!

 

Sin cita, sin invitación previa, y con mucha determinación, logré convencer primero a la secretaria y luego al nuevo gerente del hemisferio sur para que me atendiera.

 

La insistencia dio frutos. Conseguimos nuevamente un sí, pero esta vez nuestro cliente dijo no. Para él, la propuesta no compensaba las exigencias de Monster, a pesar de mis esfuerzos por demostrarle que era una oportunidad única.

 

Esta experiencia me enseñó dos lecciones fundamentales en el mundo del emprendimiento:

 

Nada está asegurado hasta que el dinero esté en la cuenta del banco.

 

En marketing y emprendimiento, las relaciones personales y la persistencia pueden abrir puertas impensadas.

 

Porque así es emprender: un constante equilibrio entre el riesgo, la determinación, y saber cuándo aceptar que, a veces, los mejores acuerdos simplemente no ocurren.

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